June era conocida en la industria por su ambición profesional sin límites, por no dejar nada sobre la mesa. Siempre quería un poco más: más proyectos, más visibilidad, más poder.
En una celebración privada tras un buen trimestre, su colega Alice reunió al equipo en una sala de directorio. Sobre la mesa habían carpetas: oportunidades, espacios de decisión, futuros bonos. Alcanzaban para todos.
June tomó una. Luego otra. Se ofreció para un proyecto extra, pidió estar en otro comité, ocupó cada espacio libre. Al final de la noche, había tomado casi todo.
Al día siguiente, despertó saturada. Agenda imposible, decisiones cruzadas, presión por todos lados. Mientras el resto del equipo se iba a un retiro estratégico, June se quedó encerrada resolviendo incendios.
Ahí entendió la lección.
La ambición sin límite no escala. Ahoga.
