No decoró en Navidad

Una invitación navideña en el trabajo remoto desata una discusión inesperada sobre creencias personales.

Todo partió con algo aparentemente inofensivo. Un gesto corporativo de fin de año, de esos que buscan buena onda, cohesión, clima de equipo. En una empresa con trabajo remoto, la jefatura propuso que cada persona compartiera una foto de su decoración navideña. Nada obligatorio, nada formal. Solo una invitación a mostrar el espíritu de la fecha.

El problema fue que una de las personas del equipo no decoraba. No porque estuviera atrasada, no por flojera, no por desorden. Simplemente porque no celebraba Navidad. Era atea, no tenía símbolos festivos en su casa y no sentía ninguna conexión con la celebración. Cuando explicó esto y decidió no enviar ninguna foto, el ambiente se tensó. Hubo comentarios incómodos. Silencios raros. La sensación de haber “arruinado” algo.

Con esa incomodidad a cuestas, la persona fue a Reddit, al ya clásico foro r/AmItheAsshole, para preguntar si había actuado mal. Si había sido egoísta, poco colaboradora, o derechamente una mala compañera. Lo que siguió fue una avalancha de juicios morales, muchos de ellos contradictorios entre sí, pero todos reveladores.

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Una parte importante de los comentaristas defendió con fuerza la idea de la libertad individual. Para ellos, no decorar no solo era válido, sino completamente legítimo. Argumentaron que nadie está moralmente obligado a participar en rituales, celebraciones o símbolos que no representan sus creencias personales. Desde esta mirada, el problema no era la negativa a decorar, sino la expectativa implícita de que todo el mundo debía alinearse con una tradición mayoritaria. Para este grupo, respetar la diversidad significa aceptar que no todos celebran lo mismo, y que negarse a participar no equivale a sabotear nada.

Otros, sin embargo, pusieron el foco en el contexto laboral. No discutían tanto la creencia personal, sino el impacto social de la decisión. Para ellos, la decoración navideña en este caso no era un acto religioso, sino un gesto simbólico de pertenencia al grupo. Algo comparable a participar en una actividad de equipo aunque no sea particularmente atractiva. Desde esa lógica, no decorar no era una falta ética grave, pero sí una oportunidad perdida de cuidar el vínculo. No se trataba de creer en la Navidad, sino de entender las reglas no escritas de la convivencia profesional.

Un tercer grupo intentó ubicarse en un punto intermedio. Reconocían que nadie puede ser obligado a celebrar, pero cuestionaban la rigidez de la respuesta. Señalaban que existían soluciones grises: una foto del escritorio, una imagen neutra, algo que mostrara participación sin traicionar convicciones. Para estas personas, el problema no era el fondo, sino la falta de flexibilidad. No veían mal la postura, pero sí cierta desconexión emocional con el resto del equipo.

También apareció con fuerza un argumento que incomodó a varios lectores: el del doble estándar cultural. Algunos comentaristas señalaron que si la solicitud hubiera sido participar en una celebración religiosa minoritaria, muchos habrían levantado alertas por discriminación. La Navidad, decían, se percibe como “neutral” solo porque es mayoritaria. Desde esta perspectiva, la negativa a decorar no solo era válida, sino necesaria para evidenciar cómo ciertas tradiciones se imponen sin mala intención, pero sin reflexión real sobre la diversidad.

Finalmente, hubo quienes abordaron el tema desde lo emocional más que desde lo normativo. Para ellos, las fiestas cumplen una función simbólica: generan comunidad, alivian el cansancio del año, crean pequeños rituales compartidos. Desde ahí, la ausencia de una persona se siente, aunque no sea culpa de nadie. No acusaban al autor del post de estar equivocado, pero sí reconocían la tristeza o frustración que puede provocar cuando alguien no entra en ese juego colectivo.

Lo interesante de este hilo no es el veredicto —que, como suele pasar en Reddit, quedó dividido— sino lo que revela. Una situación mínima, casi doméstica, terminó exponiendo tensiones profundas entre autonomía personal y expectativa social, entre respeto individual y armonía grupal. Nadie estaba actuando con mala intención, y aun así hubo roce, juicio y duda.

Al final, la pregunta “¿fue una actitud de mierda?” parece quedarse corta. Tal vez la pregunta real es otra: cómo convivimos cuando nuestras creencias no calzan con los rituales dominantes, y hasta qué punto estamos dispuestos a incomodarnos —o a incomodar a otros— para ser coherentes con quienes somos.

Yo en todo caso, antes era comecuras. Me ofendía todo. Se acuerdan cuando hueviaba porque veían Canal 13. Y hoy, le quiero hacer unas agendas religiosas a mi vieja porque la quiero. Hay cosas buenas ahi si uno las sabe ver.

Y Jesus un bacán. Hard on for Jesus como dicen los Dandy Warhols.

Escrito por

  • José Miguel Villouta

    José Miguel Villouta piensa la productividad como quien arma una playlist: sin relleno. Conduce Otro Desayuno en Vivo y, entre café y océano, entrena a sus auditores para trabajar con menos ruido y más propósito. En Otro Público aterriza ideas grandes en hábitos simples. Le gustan la precisión, los cronómetros y la gente que cumple.

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